El Buen Maestro

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En un rincón del campo, vivía un chango,
Con cabellos alborotados, risueño y sencillo.
Soñaba con ser maestro y enseñar a escribir,
Entre risas y chistes, siempre hacía reír.

Con su trozo de tiza y su pizarra en mano,
Recorría los caminos con un paso liviano.
Reunía a los niños debajo del viejo árbol,
Y con cuentos y acertijos, alegraba su vida.

Sus ojos brillaban, llenos de ilusión,
Con cada pupila ansiosa por aprender de su canción.
En sus clases, el abecedario era una melodía,
Donde las letras bailaban con gran alegría.

Era un maestro diferente, lleno de ocurrencias,
Sus bromas y chistes eran sus enseñanzas.
Convertía la clase en un juego eterno,
Donde el conocimiento florecía como el invierno.

Los niños del campo, con risas en sus rostros,
Aprendían sin darse cuenta, sin perder sus gustos.
El chico de campo, con su corazón bondadoso,
Les enseñaba la magia de ser ingenioso.

Así, en ese rincón del campo, el chico soñador,
Cumplió su deseo de ser maestro y humorador.
Con risas y chistes, guió a tantos corazones,
Dejando huella eterna en sus ilusiones.

Porque no importa el lugar ni el sueño que persigas,
Si llevas risas en el alma, serás luz que bendigas.
El chico de campo, ahora maestro y risueño,
Dejó un legado de alegría, como un gran enseñante bueno.

JULIO ASCONA

22 de noviembre del 2022

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