ENTIDADES VIAJERAS

 

ENTIDADES VIAJERAS

Viajando una noche de mucha neblina, en compañía de un colega, unos mates mientras conversábamos acerca de nuestra jornada laboral, hacia más agradable el viaje, ya que teníamos mucho camino por recorrer. Dirigiéndonos hacia la casa de un amigo, quien vivía en otra provincia. La idea era pasar unos días a modo de minivacaciones entre amigos, pasó mucho tiempo de la última vez que nos habíamos juntado, debido a que tenemos nuestros trabajos y responsabilidades, por un lado, y por otro la distancia hacía imposible los encuentros.

En un momento divisamos una estación de servicio. Nos detuvimos a cargar combustible y lógicamente más agua caliente, para que la compañía del buen mate  no nos abandone aquella larga e interminable noche. Antes de volver a subir al auto, observamos una antigua camioneta bastante maltrecha, como si fuera que sufrió un accidente, también en la chapa se podía ver los años de corrosión que le daba un aspecto raro.

En un momento da marcha y se dirige hacia la ruta de donde habíamos llegado, pasa frente nuestro, solo poseía una luz frontal y otra detrás. No pude ver al conductor debido a lo oscuro de sus vidrios. Del mismo vehículo emanaba un espeso humo muy desagradable, como si fuera que poseía problemas de carburación. Rápidamente acelera y desaparece de nuestra vista.

Luego retomamos camino. Al cabo de un rato viajando, los primeros rayos del sol se asoman, cruzamos por un altar del Gauchito Gil, mi amigo, fiel creyente de este santo pagano me pide por favor detenernos para pedirle una bendición para el viaje. Estando dentro del altar escuchamos que un vehículo se puso en marcha y al instante sentimos el mismo olor a humo desagradable que habíamos experimentado en la estación de servicio, me puse a pensar, en ese momento no había nadie más que nosotros en el lugar. Salgo del altar para ver al vehículo o quien deambulaba por el lugar y no había absolutamente nadie.

Una sensación extraña se apoderó de mí, sentía la presencia de una energía negativa que me hizo erizar la piel. Rápidamente llamo a mi compañero de viaje y continuamos nuestro recorrido.

Viajando ya por la ruta sentimos un fuerte olor pútrido, como de carne en descomposición y de la nada aparecen muchas moscas, nos asustamos mucho, detuve el auto, salimos rápidamente, dejamos las puertas abiertas las puertas para que las moscas puedan salir de allí. Nada de eso paso, los insectos no estaban. Nos quedamos paralizados por la situación. Hasta que decidimos seguir. Cabe resaltar que estábamos atravesando lugares montañosos.

En un momento, volvimos a sentir ese olor a humo desagradable. Hasta que inesperadamente el habitáculo repentinamente se llenó de humo, nos detuvimos y decidí abrir el capó y todo estaba normal. Permanecimos un buen rato en el lugar.

Cayendo la tarde nuevamente, antes de continuar el viaje, vemos a lo lejos una cortina de humo espeso, nos miramos y decidimos con mi compañero de viaje caminar hacia el lugar de donde emanaba el humo, a medida que atravesamos la zona rocosa escuchábamos unos llantos de lamento, empezamos a correr y nos encontramos con algo que nos asombró muchísimo y sentimos que se nos helo la sangre. Era la camioneta que habíamos visto en la estación de servicio, la que expedía un humo desagradable, nos quedamos atónitos y un tanto aterrados, por lo visto el vehículo había sufrido un accidente y parte de la cabina se había incendiado aparentemente por el golpe, allí cerca habían dos cruces con epígrafes donde detallaba las personas que perecieron en el infortunado evento trágico, un hombre, su mujer y su pequeño hijo. Cuyos nombres no se lograba leer pero si del niño, se llamaba Horacio y tenía 3 años.

Por un momento nos quedamos callados y un repentino viento soplo fuerte y una puerta del vehículo se abrió y aparecieron de la nada varios cadáveres de personas que aparentemente tuvieron el accidente, nuevamente se cierra la puerta y otra vez vuelve a abrirse y los cuerpos desaparecieron. En ese momento nos miramos con mi amigo y salimos a correr desesperados, mientras corríamos volvíamos a escuchar esos llantos de lamento y gritos desesperantes de auxilios. Antes de llegar al auto debíamos cruzar la ruta, en eso pasa un camión, cuando cruza todo, aparecen los cuerpos de las personas que vimos en la camioneta, totalmente ensangrentados, nos detuvimos por completo, nos estaban mirando fijamente, una sensación helada recorrió todo mi ser, en ese momento pasa otro camión, cruza  y las personas accidentadas desaparecieron, llegamos al auto, subimos rápidamente nos marchamos sin mediar palabras.

Era ya medianoche, llegábamos a otra estación de servicio a reponer combustible y cargar agua caliente para el mate, también compramos algo para comer y salimos afuera a estirar las piernas, ya que tanto viajar nos producía fuertes calambres. En el sector del servicompras había un señor cenando, luego de unos minutos este hombre se acerca y nos pregunta hacia donde nos dirigíamos, le comente que estábamos viajando a visitar a un amigo. Entonces nos pide por favor si le podíamos acercar al poblado siguiente, ya que no tenía con quien ir y dicho lugar se encontraba a mucha distancia como para caminar. Acepte llevarlo. Nuevamente emprendimos viaje, íbamos conversando con aquel hombre solitario, nos comentó que la ruta es muy peligrosa, muchas personas perdieron la vida, y quienes circulaban por la misma contaban acerca de apariciones de sombras, personas mutiladas, también se oían gritos, llantos, lamentos.

De la nada, el hombre empieza a llorar, le pregunté cuál era el motivo del llanto, por qué lloraba, y me dijo que en un accidente protagonizado con su vehículo había perdido a su hijo Horacio de tan solo tres años, continuaba murmurando y lamentándose muy apenado por su gran perdida.

En un instante empezamos a sentir un olor muy repugnante, como a carne en avanzado estado de descomposición, miré hacia atrás y veo al hombre todo ensangrentado que me miraba fijamente, me quede helado, no me salía una sola palabra. En completo estado de shock detengo lentamente el vehículo, y vuelvo a mirar para atrás del habitáculo y no veo al hombre, me quedé inmóvil por unos segundos, mi compañero no se percata de la situación y me pregunta por el mal olor que también él había sentido y si por eso detuve el viaje. Le comente que el hombre que nos estaba acompañando había desaparecido, entonces mira rápidamente hacia atrás, se asusta y entra también en un estado de shock.

No seguimos el viaje, permanecimos en el lugar hasta que amaneció y de ahí nuevamente continuamos nuestro viaje. Hablando de lo que nos ocurrió, con el hombre y entendimos que era el mismo del accidente de la camioneta, también conversamos de las anteriores situaciones que padecimos.

Tomamos la decisión de detenernos en cada cruz que viéramos sobre la ruta, en lo que quedaba de viaje, a prenderles una vela, para que de esa manera esas almas en pena puedan descansar en paz.

 

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